No es la primer ni la última vez que Oliver pasa por mi objetivo. Aquella tarde no estaba para mucha fiesta ya que estaba algo resfriado, pero nunca le falta una sonrisa.

Los globos se los llevó de recuerdo y debieron de ser compañeros inseparables hasta que el helio que contenían les hizo arrastrarse por todo Burgos. Os dejo con unas poquitas fotos de aquella tarde.

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